Perfil

Cómo comenzaron: El experimento surgió inocentemente hace ya más de tres años en una conversación de cafetería. Pensábamos que había muy pocas publicaciones de arquitectura que nos interesasen y solamente sabíamos que queríamos hacer una publicación que se alejase de los discursos más pornográficos y más instantáneos. También teníamos claro que lo que más nos interesaba eran los libros o revistas que frente al discurso único, articulaban un contenido colectivo o múltiple. Nuestro primer experimento consistió en un pequeño encargo, a Juan Valiente, un amigo fotógrafo. Una única fotografía sobre “los inicios”. La fragmentamos en 16 pedazos que enviamos a 16 personas que admirábamos o cuyo trabajo nos parecía sugerente y a los que queríamos dar voz en nuestro experimento. Solamente contaban con el fragmento y su reverso, en blanco, para reflexionar sobre el tema. La publicación, primer experimento de Bartlebooth, estaba formada por los 16 fragmentos dentro de un sobre.

Filosofía de trabajo/Política editorial:

No podemos hablar de una filosofía o política clara que haya servido como directriz del proyecto. Sin embargo, si echamos la vista atrás aparecen temas y posicionamientos recurrentes que pueden servir como una filosofía práctica de lo que tiene que contener cada experimento desarrollado desde Bartlebooth.

En primer lugar, que sólo pueda ser entendido como un experimento colectivo más allá de una recopilación de fragmentos individuales. Es decir, que la suma de las partes, en la relación entre las diferentes reflexiones y elementos, sea donde se encuentre la riqueza del proyecto. En segundo lugar, la libertad absoluta tanto de formatos como de contenidos que tienen las personas que colaboran en el proyecto. Lejos de imponer criterios rígidos -extensión, orientación, formato…- hay una cierta “barra libre” de forma que cada uno pueda responder a la interrogante planteada a través de los mecanismos que le resulten más cómodos.  Esto tiene que ver con una cierta alergia a la rigidez de los formatos tradicionales de transmisión del conocimiento o de la comunicación arquitectónica, y frente a ello se ha decidido que sea el propio espacio editorial un posibilitador de nuevas vías. Por último, ligado a lo anterior y posiblemente de los pocos puntos de partida claros de Bartlebooth, la experimentación formal dentro de cada uno de los números, no sólo como un proceso de aprendizaje interno, sino de encontrar un continente que responda a las premisas del propio contenido.

Organización/Metodología de trabajo: No contamos con una especialización de cada miembro en cada uno de los aspectos del trabajo. Solemos desarrollar todas las tareas en función de las fuerzas de cada uno de los miembros en cada momento. Finalmente, por afinidades, siempre acaban apareciendo cuestiones que alguno de nosotros prefiere hacer, pero por lo general este sistema nos permite tener, a los tres, un conocimiento global de los aspectos y cuestiones que se están desarrollando. Al ser un proyecto surgido del desconocimiento de cualquier aspecto editorial, también nos permite ir aprendiendo de todos los procesos que construyen un libro.

En cuanto a la metodología, quizás sea de las pocas cosas que hemos definido desde un principio con mayor rigidez, como un punto de partida del propio proyecto. Cada experimento empieza con un tema que surge de nuestros intereses personales en torno al cual queremos investigar o reflexionar. Una vez definido el punto de partida, se establecen unas reglas de juego, unas pautas e hipótesis de partida que son entregadas a cada colaborador o colaboradora para que, en base a ellas -siguiéndolas al pie de la letra o sin hacerles ningún caso- nos devuelvan una reflexión -en formato texto, audiovisual…-. Al trabajar con libertad absoluta en el formato, nuestro trabajo al recibir las piezas es el de buscar una estructura de publicación que permita adecuarse al contenido y que construya una cierta claridad en el discurso.

Modelo de gestión/financiación: El único modelo de financiación que hemos ido construyendo durante todos estos años ha sido el de la venta -o preventa- de las diferentes publicaciones que hemos ido editando, asegurando que todo el retorno fuese revertido en el siguiente experimento.

Si tuviésemos que definir un modelo tal vez sería el de la autogestión. Una cuestión muy ligada a la precariedad económica que nos ha acompañado desde el inicio, que nos ha hecho ser conscientes de todo el proceso de producción de una publicación -desde su ideación hasta su venta-, y entender que sólo encargándonos de todas las partes podíamos asegurar su pervivencia y potenciando ese aspecto para que el retorno y el control sobre cualquier aspecto del producto fuese el mayor posible.

Aprendizajes/Referentes: Cuando comenzamos, existían una serie de referencias, algunas locales y otras más lejanas, que para nosotros eran importantes en relación a la actitud de una publicación. Nos gusta hacer referencia a los tres últimos números de la revista Obradoiro (revista del Colegio de Arquitectos de Galicia), que fueron editados por Carlos Quintáns y Carlos Pita, acompañados de Desescribir, los que lograron articular una serie de contenidos muy singulares que se alejaba de la publicación ortodoxa en todos los sentidos. Ponían además, en conexión, obras de arquitectura construidas a miles de kilómetros con proyectos, textos o producciones locales que, sin embargo, guardaban estrechas similitudes en su actitud. Siempre hemos tenido cerca otros proyectos editoriales como Resina, editado por Creus e Carrasco, que también tiene esta condición de puzzle que ha sido tan importante a la hora de ir construyendo nuestro proyecto y que, quizás siendo más evidente o literal en los primeros números, sigue estando presente en los más recientes experimentos.

En cuanto al aprendizaje, Bartlebooth es un proyecto nacido de la precariedad, el amateurismo y la ignorancia absoluta. Como tal, se ha ido aprendiendo de las diferentes experiencias, muchos errores y retos que han ido surgiendo con el tiempo.

Fortalezas del proyecto: Hablando con colaboradores en los diferentes números sobre el proyecto, hacen referencia a la libertad de formato que ofrece. Frente a publicaciones académicas, más rígidas, pensamos que Bartlebooth construye un espacio de límites más difusos que los participantes suelen agradecer. Creemos que articularse en la periferia de la disciplina arquitectónica también puede ser una fortaleza, respecto a la gran mayoría de publicaciones. Intentamos trabajar sobre temas o hilos argumentales comunes a diferentes disciplinas o producciones que nos permitan aproximarnos a autores de diferentes campos y que convivan en un mismo espacio (arquitectxs, artistas, fotógrafxs, filósofxs). Una cuestión curiosa es que, cuando establecemos nuevos puntos de venta en librerías especializadas, no saben en qué sección colocar las publicaciones.

En la presentación del quinto experimento “La Producción”, una de las autoras participantes comentaba que su mayor interés fue descubrir los artículos y reflexiones que acompañaban a la suya. Comprobar cómo, partiendo de la misa hipótesis de partida, el tema era para otras personas radicalmente diferente o estaba estrechamente conectado con su discurso. Desde el comienzo entendíamos que eran los discursos múltiples, a veces contrarios y contradictorios, los que más nos interesaban.

En cierto modo, la precariedad en la que lleva inmersa el proyecto desde su nacimiento es la que nos ha permitido, y obligado, a aprender a controlar cada paso necesario para lograr un buen resultado. Lo que nos ha ido dotando de una serie de agencias de las que, al comienzo de este proyecto, carecíamos. Es decir, la autogestión del proyecto y asumir la mayoría de partes del proceso de producción, es la que ha permitido mantener Bartlebooth con vida hasta convertirlo en un sistema económicamente sostenible.

Debilidades del proyecto:

La misma precariedad de la que hablábamos antes es, probablemente, también una debilidad. En la actualidad es un proyecto sostenible económicamente, pero sustentado en la auto-precarización de todas las partes que lo hacen posible. Es decir, hasta ahora no habíamos considerado materialmente el capital inmaterial que supone el aporte de cada una de las personas involucradas, pero que nos parece fundamental hacerlo para asegurar la pervivencia, profundidad y rigor de los contenidos. Un aspecto que estamos trabajando para subsanar a través del planteamiento de nuevos modelos o formatos que permitan revertir la situación.

La falta de músculo, al ser sólo tres personas no dedicadas exclusivamente al proyecto, hace que sea difícil abarcar nuevos proyectos y que, conjuntamente con los que hay en marcha, tengamos que medir bien los ritmos e intensidades de trabajo de los diferentes experimentos.

Motivaciones para seguir trabajando:

Por un lado, nos motiva saber que las obsesiones que tenemos son compartidas con otras personas. Que el resultado generado con cada número es algo que siempre tiene muy buena acogida y que es algo que atrae a lxs colaboradorxs a involucrarse en él es toda una motivación para seguir trabajando.

Por otro, haber alcanzado una situación donde nos hemos constituido como una comunidad con unos intereses compartidos y alcanzado una cierta estabilidad, nos permite pensar y afrontar nuevas vías paralelas a Bartlebooth que fortalezcan el proyecto.

Redes / Colaboraciones / Agentes asociados

Bartlebooth ha sido desde su inicio un proyecto independiente. Intentamos no externalizar ninguna fase de la producción de los números. Sin embargo, también lo entendemos como una producción colectiva. Casi la totalidad de las publicaciones están formadas por artículos y contenidos de todo tipo aportados por una extensa red de personas colaboradoras, más de 80 a lo largo de los cinco experimentos publicados hasta la fecha.

Los primeros tres números se financiaron con nuestros propios ahorros, junto con el poco retorno que generaban. Cuando, en el cuarto número, dimos un salto al vacío y editamos un libro de 300 páginas, solamente fue posible gracias a una red de mecenas, lectores, amigos, cómplices, que decidieron participar en el proyecto y hacerlo posible. Desde ese momento, creemos que hemos conseguido construir un proyecto sostenible económicamente. Una red que no se limita al aporte económico sino a dar un feedback crítico en momentos puntuales, recomendarnos nuevos puntos de venta y ser, en el fondo, parte activa de la deriva de Bartlebooth.

Creemos que la cuestión de establecer redes es esencial en el entendimiento de cualquier proyecto nacido en la precariedad y el amateurismo, como este. A lo largo de estos tres años hemos entrado en contacto con diversos proyectos similares al nuestro, o diferentes, pero con actitudes en común. El evento de presentación del segundo número “La Fiesta” fue precisamente una pequeña fiesta en un espacio creado y gestionado por un colectivo que participaba en la publicación. Hemos realizado varios trabajos risográficos paralelos a las publicaciones dentro de un proyecto de taller/imprenta de otra artista colaboradora habitual de Bartlebooth. Además, fue el lugar de presentación en Madrid del último experimento. Pensamos que la autogestión es precisamente esto, esforzarse en controlar todos los aspectos de la producción y a la vez ser capaz establecer intercambios y alianzas con agentes y proyectos paralelos, tangentes o transversales.

 

¿Qué es para vosotros editar?

Construir un espacio común de reflexión entre todas las partes involucradas, desde el lector al colaborador, a través de una serie de inquietudes y obsesiones personales, pero compartidas. Es poner nuestras ideas u obsesiones recurrentes dentro de un contenido que luego pasa a disposición de personas que son, de alguna forma, similares a nosotros.